#8 Rompiendo el cerco

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En el número de hoy...

Somos presos de jardines vallados y quizá también del miedo de nuestros dirigentes

Está un poco raro todo, ¿no? Por decir algo.

Ayer Donald Trump dijo que la Unión Europea es “muy desagradable”. “No nos permiten vender coches allí. Es prohibitivo por sus políticas y por sus aranceles no monetarios. (…) Ponen obstáculos en tu camino contra los que no puedes hacer nada. Muy, muy asquerosa. Denuncian a nuestras compañías…”.

El miércoles comenzaron a aplicarse los aranceles de EEUU del 25% sobre el aluminio y el acero. La Unión Europea se preparó para responder estratégicamente con más aranceles sobre 26.000 millones de euros en productos estadounidenses tan icónicos como el bourboun, los vaqueros Levi’s o las Harley-Davidson. Apenas horas después, el tipo naranja nos estaba llamando asquerosos y agitando la idea de aplicar aranceles del 200% sobre el vino o el champán europeos.

Pero también dijo eso de que la Unión Europea obstruye a las empresas estadounidenses con sus “aranceles no monetarios”. ¿Qué leches es un arancel no monetario? Pues un formidable eufemismo que nos va a ayudar a entender de qué va todo esto. EEUU no está librando solo una guerra comercial. Está librando una guerra económica que también tiene sus implicaciones tecnológicas.

De hecho, el ejemplo que inmediatamente después puso Trump es la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) que falló el año pasado contra Apple, exigiendo al fabricante del iPhone a devolver 14.000 millones de euros en impuestos que debió pagar a Irlanda. La historia esta tiene su miga: el Tribunal General ya lo sentenció hace años, pero Apple recurrió el caso… y la propia Irlanda también.

Lo jodido es que Trump, en algunos aspectos, ya está ganando. No es que esto vaya a terminar aquí, ojalá. Es que el pánico puede llegar a paralizar a los dirigentes de los países europeos a la hora de reivindicar nuestra soberanía fiscal o digital. ¿Desarrollar una ley que fomente la libre competencia o que blinde un internet libre? ¿Acabar con que las grandes tecnológicas puedan utilizar material protegido por derechos de autor para entrenar sus grandes modelos de inteligencia artificial?

Todo eso suena muy bien… pero, ¿qué pasa si Trump se cabrea con nosotros?

¿Qué pasa si se cansa de nuestros… aranceles-no-monetarios?

🤪 

Más funciones para la AEPD

Ayer estuve en un desayuno de prensa organizado por la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD). Sirvió para que el nuevo presidente del organismo, Lorenzo Cotino, y su adjunto, Francisco Pérez Bes, conocieran a los habituales que cubrimos todo lo que salga de la autoridad de control responsable de hacer cumplir el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) en España.

Una de las preguntas que lanzó un compañero resultó inevitable. ¿Cómo ven Cotino y Pérez Bes el escenario internacional? Una investigación impulsada por la AEPD en colaboración con otras agencias nacionales de la Unión Europea podría representar otro “arancel no monetario” para Trump.

La respuesta del presidente de la AEPD fue tan clara como divertida. “Es una cuestión más del Reglamento de Servicios Digitales. Afortunadamente, en ello no entramos”. Cotino hizo así alusión a las investigaciones que pudieran emanar de hacer cumplir esta norma, conocida como DSA por sus siglas en inglés. Se trata de la regulación europea que exige transparencia y rigor a las plataformas en su relación con los usuarios. Es la ley comunitaria que obliga a las tecnológicas a combatir la desinformación y a contener la proliferación de productos ilegales o discursos de odio en sus foros.

El presidente de la AEPD en realidad se refería más a que el organismo ya está sobrecargado con competencias. También tiene razón. El Consejo de Ministros del martes pasado sirvió para aprobar un anteproyecto en el que se reparten las tareas que requiere otra norma europea, el Reglamento de la Inteligencia Artificial. La Agencia Española de Supervisión de la IA (AESIA) tendrá su rol, pero también tendrán competencias el Poder Judicial, la Junta Electoral y, por supuesto, la AEPD, cuando esta agencia ya tiene un déficit de personal cada vez más grave: su actividad se multiplica e intensifica pero sus recursos no crecen al mismo ritmo (y parece que la posibilidad de contar con nuevos Presupuestos Generales este año que solucionen la situación se desvanece en el horizonte).

Sin embargo, ese “afortunadamente en ello no entramos” también tiene otra lectura evidente. Ahora mismo las regulaciones tecnológicas son una enorme patata caliente que puede provocar más bronca con el sheriff al otro lado del Atlántico.

El ‘escudo digital’ se olvida de la política de competencia

Igual que el Consejo de Ministros aprobó un anteproyecto para ‘adaptar’ el Reglamento de IA, semanas atrás el Gobierno hizo lo propio poniendo sobre la mesa otro anteproyecto que pretende ‘adaptar’ el Reglamento de Servicios Digitales a la legislación nacional.

En realidad los reglamentos europeos no necesitan transposición, como sí sucede con las directivas, pero es cierto que es hábito en los legisladores adaptar las leyes nacionales para poder cumplir adecuadamente con estas normas. Bueno, España va a llegar dos años tarde a designar a la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia como Coordinadora de Servicios Digitales y habrá que esperar si no cae un multón, pero eso ya lo abordamos aquí.

El ministro para la Transformación Digital aseguró días atrás que con esos anteproyectos el Gobierno está desplegando “un escudo de derechos digitales para los ciudadanos”. Y me parece que de nuevo la regulación europea con más potencial es la que más olvidada está quedando.

El Reglamento de Mercados Digitales va a donde duele: a la pasta, a las cuotas de mercado, a las prácticas anticompetitivas. Y eso lo sabe hasta Trump: su Departamento de Justicia ha propuesto las primeras compensaciones que le exigiría a Google para dejar de ser un monopolio allí… vender Chrome, y quién sabe si vender Android también.

Este Reglamento de Mercados Digitales, conocido como DMA por sus siglas en inglés, es la norma que está llamada a romper el cerco de los famosos jardines vallados con los que las grandes tecnológicas han parcelado lo que en su día fue un internet libre. Es, en realidad, una serie de instrumentos con los que la Comisión podrá investigar prácticas contrarias a la competencia en el sector digital sin tener que invocar el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE). Lo que había hasta ahora es como si para denunciar a un homicida tuviéramos que invocar la Constitución Española.

Esa regulación le da herramientas más ágiles a Teresa Ribera, actual comisaria europea de Competencia. Pero las cositas de palacio van despacio.

El amargo regusto de no poder

En los últimos años he hablado mucho con Luis Hernández, el fundador y CEO de una tienda de aplicaciones con sede en Málaga llamada Uptodown. No nos llevemos a ningún equívoco. Luis es un empresario, no un activista. Mira por su negocio. Pero hay algunas de las cosas que dice que me resuenan todavía en la cabeza.

Luis formó parte de los diversos grupos de trabajo que la Comisión Europea puso en marcha en la anterior legislatura comunitaria para entender por dónde habría que abordar la problemática que pretendía atajarse con el DMA. Al final la insatisfacción es grande, y aunque Apple y Google van a tener que ceder en algún momento (¿seguro?), los obstáculos son enormes.

A Apple, por ejemplo, se le dobló el brazo para que permitiera la instalación de apps mediante tiendas de aplicaciones de terceros. Es decir, que en un iPhone te pudieses instalar aplicaciones sin que mediara el fabricante de la manzana. Por supuesto, Apple ha puesto mil excusas y condiciones con el argumento de la “seguridad” y la “confianza” de los usuarios y los resultados distan de ser los deseables.

Esos son los famosos jardines cerrados en términos digitales. Uno de los últimos artículos que publiqué en Business Insider iba precisamente sobre el término. Internet se ha llenado de muros y se acerca la hora de derribarlos, titulé entonces. Desde luego, como futurólogo no me ganaría la vida.

Kill Me What GIF by ZIP ZIP

A las marcas les interesan tenernos encerrados en sus muros vallados. No navegamos por internet, simplemente estamos en ecosistemas. Jugamos videojuegos en Steam, escuchamos música en Spotify, iniciamos sesión con Google, y todo dentro de un iPad de Apple. Los más listos luego pasan el cazo: Apple y Google cobran hasta el 30% de todos los pagos que se hacen dentro de aplicaciones en sus sistemas operativos, razón por la que estalló el conflicto con Fortnite hace años.

Por cierto, este Reglamento de Mercados Digitales era el que iba a hacer que todas las aplicaciones de mensajería que utilizamos fuesen interoperables. Un paso de gigante para romper ese cerco. Poder escribir desde Telegram un mensaje a un usuario de WhatsApp. Claro que el papel lo aguanta todo.

A finales del año pasado Meta presentó los requisitos técnicos que le exigía el reglamento, con plazos bien laxos mirando más a 2025 y 2027. Matrix, un protocolo abierto que permite que la app de mensajería que tú crees funcione sobre él -un poco como la idea del fediverso con Mastodon- anunció que trabajaría por interoperar con WhatsApp de forma experimental. Gateklons, un especialista en política digital europea, me contó hace un par de meses que seguramente la gente de Matrix lo acabaría consiguiendo… pero que serían más rápidos si tuvieran más dinero, claro.

Me sigue pareciendo increíble que hace doce años uno de los fundadores de Google, Sergey Brin, fuera el encargado de avisar que una de las grandes amenazas para la libertad de internet era la prevalencia de estos jardines vallados. En 2025 seguimos usando la nube de Google, el gestor de correo de Google, las herramientas de ofimática de Google, el gestor de contraseñas de Google, el navegador de Google…

Luis, de Uptodown, cree que la solución pasa por romper con esas plataformas y volver a abrazar el ecosistema web, estándar abierto para todo el mundo. Posiblemente ese sea el camino. Eso, o quedarnos entre sus muros mientras nos cuidamos de no deslizar ningún otro arancel-no monetario más…

En breve…

Descifrando el consumo de agua de la IA: así oculta Amazon cuánto bebe su nube en España. El País accede a datos que permiten estimar cuánta agua usa una instalación de AWS en Aragón.

La industria del videojuego está jodida en todo el mundo, pero en España se está organizando. Muchos estudios en Barcelona se han afiliado a CGT y ahora Saber Interactive, en Madrid, a CNT.

Me ha gustado este texto de Arià Paco Abenoza sobre internet y el pecado original (¡qué nos gusta un like! ¡Suscríbete! No, en serio). Me ha recordado a esto que escribió un amigo.

Cables submarinos: el flanco más débil de las infraestructuras estratégicas en Europa. España es, como Irlanda, un hub de cables… Y son objetivos militares.

Jamás vais a adivinar a qué libro se están refiriendo algunas IA generativas cuando en Google o Amazon estas dicen que se trata de “una verdadera obra de arte” que ha gustado mucho.